Manifesto of quadernistics

Finally we have are happy to present a manifesto of quadernistics. For the moment it is published only in Spanish, but hopefully very soon it will appear in English and other languages. Enjoy the manifesto and join the wide circles of quadernists from all over the world.

cuadernistica

Anotaciones para una teoría cuadernística

§ 0

Desde el punto de vista de la comunicaciónliteraria, artistica o científica–, la cuadernística es una disciplina de escritura difícilmente justificable. Ergo la primera regla del cuadernista es: No tratarás de justificarte. Fin del manifiesto.

§ 1

Escritura nacida en, para y a través del cuaderno; ese es el principio fundamental de la cuadernística.

El cuaderno como punto de partida, como medio y como fin de la escritura. El cuaderno como soporte para una obra siempre provisional, deficiente y abierta.

§ 2

La cuadernística no es un fetichismo del cuaderno, ni un solipsismo de la escritura, ni una retrofilia del papel, ni una alergia al texto acabado y público.

La escritura cuadernística puede coexisitir con la escritura teleológica, cuya meta es la obra acabada. Pero la cuadernística no tiene una meta más allá de sí misma: la simple proliferación de la escritura es su única finalidad. Pero esta finalidad sin fin de la cuadernística solo sirve como definición técnica.

§ 3

Hay cuadernistas puros y cuadernistas impuros. A todos los quiere la cuadernística por igual. Entre los cuadernistas puros, hay grafómanos sin rumbo, grafómanos redimidos, cuadernópatas sin remedio y cuadernófagos con hambre de abismo. También están los perros voladores de la escritura. Todos ellos deciden acampar de forma permanente en sus cuadernos. Los cuadernistas impuros pueden haber sido en otro tiempo cuadernistas puros de la misma manera en que podrían volver a serlo en el futuro. Entre ellos encontramos a escritores de toda clase que siguen volviendo a sus cuadernos, convertidos en cuarteles de invierno, para repensar su propia escritura.

§ 4

Paul Valéry se levantaba cada mañana entre las cinco y las seis, encendía un cigarrillo –no sabemos si también se preparaba un café– y se entregaba a la escritura de sus cuadernos durante un par de horas sin interrupción. Así durante 45 años. “Estos cuadernos son mi vicio”, confesó alguna vez. En ese monumental diario intelectual que son sus Cahiers, Valéry registró los “hechos del pensamiento mismo”, las ideas como objetos observables y en constante mutación: “Estos cuadernos representan la naturaleza provisional, perpetuamente provisional, de todo lo que me viene a la mente”. Pero esos papeles, además de una disciplina mental, eran en también el último refugio, “una forma del deseo de estar conmigo, y hasta de ser yo”.

§ 5

La escritura teleológica, pública, se ha devaluado por superávit. De la misma manera que, en un mundo hiperpoblado, los antinatalistas asumen una responsabilidad compensatoria, los cuadernistas hacen lo propio en un mundo hiperpublicado. Su solución: el retiro voluntario a las salvajes praderas de la cuadernística.

§ 6

Un cuaderno y una mano. Al menos una mano o, en su defecto, un pie u otra extremidad. Preferentemente una mano. La cuadernística se hace a mano con un bolígrafo, lápiz o cualquier otro periférico de entrada u objeto capaz de impregnar la superficie blanca con cualquier clase de tinta o pintura de origen vegetal, animal, mineral o digital.

§ 7

La cuadernística se hace sobre un cuaderno. El cuaderno puede ser un conjunto de láminas de papel o pliegos encuadernados, una pantalla de cristal líquido, un rollo de papel higiénico, una lápida, una piedra, una tabla o cualquier otra superficie vacía y no efímera. Escribir en la orilla del mar con una rama seca o inscribir el cielo con estelas de condensación no serían actos cuadernísticos.

§ 8

Los poemas que Emily Dickinson publicó en vida se cuentan, literalmente, con los dedos de una mano. Toda su obra se gestó en la reclusión voluntaria: en márgenes de libros, trozos de periódico, sobres de cartas, hojas sueltas y tiras de papel. Pero no fue una obra secreta por capricho o demencia, sino por necesidad. El secreto fue la materia en la que Dickinson modeló su mundo y su lenguaje; una condición inicial irrenunciable. Lo demás, lo que vino después, ya no era asunto suyo.

§ 9

Un buen cuadernista es quien se queda dormido sobre su cuaderno. En argot cuadernístico, las manchas de tinta de la escritura dormida se conocen como “flores de sueño”.

§ 10

Algunos de los grandes cuadernistas de la historia fueron Sei Shonagon, Michel de Montaigne, Francisco de Goya, Isaac Newton, Franz Kafka, Paul Valéry, Leonardo Da Vinci, Sigitas Geda, Pe Cas Cor, Emily Dickinson, Ludwig Hohl, J.M.W. Turner, Rober Walser y Yoshida Kenko.

§ 11

La cuadernística es una actividad individual sobre un soporte personal, aunque no necesariamente privado. Practicar la cuadernística no es escribir un diario, aunque un diario puede tener una intención netamente cuadernística.

§ 12

Ludwig Hohl vivió voluntariamente encerrado en un sótano durante veinte años, dedicado a pulir y reordenar sus anotaciones. Sus papeles colgaban de una cuerda que atravesaba la habitación, como ropa tendida o como fotografías recién reveladas. Había descubierto el verdadero sentido del trabajo: corregirse, reescribirse, reordenar las frases y los fragmentos en busca de una combinación definitiva. A aquel sótano llegaban muy pocos lectores –sobre todo algún buen samaritano, como Dürrenmatt o Frisch–. El verdadero lector tardaría en llegar, pero terminaría llegando: «Que tendré lectores, y en el sentido más riguroso, está fuera de toda duda. Lo que no sé es simplemente cuántos y cuándo».

§ 13

La cuadernística se sustenta en lo fragmentario y en las conexiones aparentemente arbitrarias entre las partes. Pero no persigue otra cosa que crear un mundo. Para un cuadernista, cada uno de sus cuadernos es un mundo, pero todos sus cuadernos forman un solo mundo. Necesidad y contingencia son una sola cosa para la cuadernística.

§ 14

Pero también el secreto es un un punto de llegada. En 1987, Pedro Casariego Córdoba dio por finalizada su obra literaria. Desde entonces, toda su creatividad se vuelca en la pintura, la escritura privada y el cuidado del jardín familiar. Para Pe Cas Cor, el verdadero artista es el “artista interior”. Aquellos que exteriorizan su obra son los artistas débiles, los “poetas de segunda” que son incapaces de construir su obra solo dentro de sí mismos y para sí mismos.

§ 15

El cuadernista piensa: “Soy el único cuadernista sobre la tierra”. Y no le falta razón.

§ 16

Yoshida Kenko, un bonzo budista japonés del siglo XIV, utilizaba un método de escritura muy similar al de Ludwig Hohl. Pero, en lugar de cuerdas, utilizaba las paredes de de su covacha, donde iba pegando los papeles que llenaba ociosamente con su pincel y que posteriormente fueron recopilados por Imagawa Ryoshun. Al comienzo de sus Ocurrencias de un ocioso, escribe:

«En medio del ocio, en este océano de paz, paso los días inclinado sobre el tintero, tratando de recoger en el papel las descabelladas ocurrencias que cruzan por mi mente. Yo mismo me he quedado sorprendido de tantos desatinos».

§ 17

Un pequeño desvío (opcional) a modo de analogía:

Piénsese en la estonopografía (“estenopo”=“agujero”, “grafía”=“escritura”). Escritura a través de un agujero. Escritura espectral de las formas en disolución. La estenopografía es a la imagen fotográfica lo que la cuadernística a la palabra escrita.

El escritor estenopógrafo espera mientras su caja negra recoge los fantasmas. Mira fijamente la escena mientras el agujero absorbe la luz que el objeto devuelve desde un espacio muy diferente al que perciben sus ojos. La espera, la contemplación, invoca y remueve los fantasmas en el interior de la caja negra. Del otro lado del agujero, la presencia pura del objeto se convierte en espectro, en espacio anterior al espacio, en recuerdo puro.

§ 18

En los guateques literarios que se celebran en las azoteas acristaladas de los más altos edificios de las ciudades, se habla de los cuadernistas como escritores en retirada, sujetos aculturados en un mundo completamente nuevo en el que ya no cabe lo único que aprendieron –tal y como lo aprendieron–. Pero eso no es verdad. Los cuadernistas son higienistas, y su retirada no es otra cosa que una avanzadilla.

§ 19

La cuadernística no es una escritura en collage, sino en mosaico. El nombre de esta antigua técnica pictórica proviene del griego μουσειoς (“mouseios”), “relativo a las musas”. Para los romanos, ese arte exquisito y casi imposible solo podía ser inspirado por las musas. Cada fragmento de piedra era un diminuto accidente que encontraba su lugar necesario en el interior de una trama que dependía de la voluntad de las musas. En biología molecular, un mosaico es un organismo que presenta, por error o capricho de las musas, tejidos celulares genéticamente distintos. De la misma manera, en la escritura cuadernística cada fragmento es tan contingente como necesario.

§ 20

Un cuadernista con talento es cien veces un buen escritor.

§ 21

Todo lo que cabe en un cuaderno, por ridículo o peregrino que parezca, es sagrado.

§ 22

Uno de los pocos libro que Yoshida Kenko llevó consigo en su retiro ascético era, por supuesto, el Libro de la almohada, de Sei Shonagon, poeta y cortesana japonesa del siglo del siglo XII. Shonagon, precursora del zuihitsu, género ensayístico japonés cuya denominación podría traducirse como “el correr del pincel”, puede considerarse la fundadora de la cuadernística. Shonagon escribía para sí misma en su “cuaderno de cabecera”, ese que hay que tener siempre a mano cerca de la almohada. Observaciones pasajeras, apuntes de sociedad, sutiles agudezas, breves instantáneas, listados de cosas que atraen su atención, bocetos de poemas, pequeñas narraciones, pinceladas descriptivas como paisajes en miniatura; todo cabe en ese flujo en el que la mano se mueve con gracia y agilidad e incluso cierta indiferencia. El pincel salta de un motivo a otro sin detenerse más de lo necesario. Importa más el flujo, que las impresiones e ideas salten al cuaderno manteniendo toda su viveza, sin adornos innecesarios. En el penúltimo fragmento de su Libro de la Almohada, confiesa:

«Me propuse llenar los cuadernos con anotaciones sobre hechos raros, historias del pasado, y toda suerte de cosas, incluyendo a menudo la materia más trivial».

§ 23

Un cuaderno, para ser cuadernístico, debe tener un nombre. Porque cada cuaderno pertenece a un mundo y es un mundo. Y los mundos sin nombre son solo pantanos de tiempo. El cuadernista nombra sus cuadernos para que sus cuadernos regresen a él en el momento justo y le devuelvan un nombre y un mundo.

§ 24

Isaac Newton, hijo de analfabetos, consiguió su primer cuaderno a los doce años, con el dinero que su madre le había dado antes de enviarlo al colegio The King’s School, en Grantham. En la primera página de ese cuadernillo escolar con cubierta de vitela escribió: Isacus Newton hunc librum possidet («Isaac Newton posee este libro»).

§ 25

La cuadernística es sana.

§ 26

Todo cuadernista es un calígrafo, aunque su letra solo la entiendan un puñado de critógrafos en todo el mundo, como sucedió con los microgramas de Walser.

§ 27

La escritura de Robert Walser es un intento de desaparición. Para desaparecer, uno puede desintegrarse o hacerse infinitamente pequeño. Walser optó por lo segundo, sobre todo desde su ingreso en el sanatorio psiquiátrico de Herisau. Los 526 pliegos que integran “El método del lápiz” fueron compuestos con una microscópica caligrafía gótica en cuyo desciframiento los investigadores se han demorado cuatro décadas. Fue en los años 20 cuando Walser decidió pasarse al lápiz, en un intento –como confesó en alguna ocasión– de regresar a los orígenes de la escritura, a los tiempos del cuadernillo escolar. Con el lápiz, todo lo escrito es virtualmente efímero. Pero hay quizá otra razón, más técnica, que lo emparenta con Höhl: una necesidad de abolir la linealidad del acto de escribir. Eliminar esa linealidad equivale a abrir la escritura a todas sus posibilidades. Los estímulos pueden venir de cualquier lado, en cualquier dirección y en cualquier momento. Y cada momento es un nuevo comienzo. No en vano, para muchos críticos, Walser es un “escritor sin motivo”, y su obra, una deriva ociosa e indolente sobre la vanidad del mundo. Hacerse pequeño e ingrávido hasta desaparecer.

§ 28

Para el cuadernista, el cuaderno es el camino y es el pan.